No Estaba Muerto...Estaba de Parranda
El artículo anterior (“Monólogo con un tumor), representó mi regreso a las páginas de “El Vigía”, luego de un período de ausencia (una edición) en este medio impreso local. Como es del conocimiento público (me imagino que muchas personas lo saben), en el mes de Marzo me diagnosticaron un tumor maligno que, de hecho me ha causado algunos malestares, y me ha comprometido a someterme a una serie de tratamientos médicos que, al parecer han dado resultados satisfactorios (80% de Sanación). ¡Gracias a Dios Todopoderoso y a mi Santa Madre: María. Sin embargo, aún me encuentro en un proceso de recuperación, en la búsqueda de mi completa recuperación.
Durante todo este tiempo que llevo con la enfermedad que me aqueja, son numerosos los comentarios de las personas cercanas o lejanas a mi individualidad. Algunos de esos comentarios han sido sanos, mientras que otros han tenido aires malsanos. No obstante, yo me inclino hacia la recepción de aquellos que se han profesado para bien y a mi favor; los otros, es decir, los malintencionados, prefiero obviarlos, porque forma parte de la preservación de mi salud mental. Creo que he tenido suficiente con todas las afecciones de la que he sido objeto, por causa de la enfermedad declarada, como para detenerme a pensar y analizar lo negativo de personas que seguramente me adversan.
De lo que si estoy seguro, es de querer manifestar mi sincero agradecimiento a mi familia, y a algunos de mis amigos (muchos de los que consideraba amigos míos, se han alejado de mi), porque con la ayuda y el apoyo incondicional de todos éstos, he podido superar la enfermedad que por momentos me ha perjudicado físicamente. A mis padres; a mis hermanos; a mis tíos y tías; a mis primos y primas; a mi cuñado y cuñadas; a mis sobrinos y sobrinas; a mis vecinos, y a mis amigos verdaderos, les hago llegar mis mejores palabras y deseos, por todo lo que han hecho por mí.
Todo lo que me ha sucedido con relación a la enfermedad diagnosticada, me ha permitido “re-abrir los ojos” ante el mundo, ante la vida, ante las personas que me rodean, y sobretodo, me ha conllevado a reflexionar profundamente sobre: ¡Quien soy!, ¿De donde vengo?, ¿A dónde voy? Tres preguntas super trilladas, pero que a veces, no le damos la importancia que se merecen, y olvidamos que a través del despeje de dichas interrogantes, la persona humana se puede hacer trascendente. Yo he pensado, analizado y reflexionado lo suficiente, en todo este lapso de tiempo que he vivido, atado a una enfermedad que, así como llegó se irá, porque por derecho de conciencia, la reconocí pero no la acepto. La cancelo y la transmuto por mi propio bien.
Ser paciente oncológico, o lo que es lo mismo, ser paciente con Cáncer, es una prueba que, te desubica en el tiempo y el espacio que te pertenece, aún más, cuando la palabra y enfermedad del cáncer, se asocia automáticamente, con la palabra y el acto de la muerte. Estoy claro que, psicológicamente, son innumerables los sentimientos que aparecen, tales como: (a) el miedo, (b) el temor, (c) la incertidumbre, (d) la rabia, y (e) la impotencia (entre otros no menos perjudiciales), pero estos por ser de naturaleza negativa, no benefician sino que perjudican; y en honor a la verdad, cuando se padece esta enfermedad, hay que ser sumamente positivo.
Hasta ahora (Agosto de 2007), he logrado superar los obstáculos que se me han presentado, y no en vano, confieso que los momentos vivenciados han sido fuertes; físicamente he decaído y enseguida me he recuperado. Cada vez que me he visto envuelto en una situación difícil, me he encomendado a Dios Supremo y a su Santa Madre. Estoy seguro que la fe en ellos, y la esperanza de vivir un poco más, han sido fundamentales en mi convalescencia y en mi recuperación. Así, espero continuar hasta que ese mismo Dios y María Santísima, me permitan el don de la sanación.
Igualmente me he dado cuenta de la gran cantidad de personas que sufren de Cáncer, y he considerado que, en muchos casos, a veces somos egoístas con respecto a las personas que se encuentran enfermas, con aquellos que están desvalidos y necesitados. En mi caso, me he comprometido con Dios Omnipresente, con María Purísima, y conmigo mismo, para desarrollar trabajo social (ad honores) en algún organismo o institución que trabaje en el área de la salud. Sin lugar a dudas, me gustaría trabajar con pacientes de pediatría oncológica, ya que quedé profundamente consternado al observar personalmente, la gran cantidad de niños y niñas que padecen de Cáncer. Asimismo, me gustaría trabajar con personas adultas mayores, porque se que éstas, son reiterativamente olvidados por la sociedad.
Definitivamente, creo que la enfermedad que me afectó, me ha hecho cambiar la perspectiva que tenía de la vida; ahora no soy el mismo de antes, y estoy seguro que de ahora en adelante tengo un compromiso ineludible con mi propia persona, y con todos aquellos que se encuentran presentes directa o indirectamente en mi vida. Finalmente, manifiesto mi voluntad de expresarles que yo “NO ESTABA MUERTO…ANDABA DE PARRANDA”, y que he vuelto por el tiempo que mi Dios Eterno y su Inmaculada Madre, así lo dispongan; y mientras yo tenga voluntad para seguir adelante, venga lo que venga, pase lo que pase. ¡Que viva la vida! ¡Enhorabuena!



